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Un beso que salvó una vida.

Nuestras vidas están llenas de situaciones, hechos o sucesos que de ocurrir o no haber ocurrido, nosotros no estaríamos donde estamos en esta vida. 

Es increíble como si realizamos un conteo de las cosas que a lo largo de nuestra existencia hay determinado el curso de nuestras vidas, quedaremos asombrados de la hilo tan delgado que une unas cosas con otras.

Hay algunas casualidades o causalidades que no tienen relevancia, pero si una secuencia asombrosa.  Sin embargo existen otras que llegan incluso a salvarnos la vida.
Boletos de avión que no son utilizados y el vuelo se siniestra. Cancelamos un viaje a último minuto y luego descubrimos que el auto tenía serias deficiencia en el sistema de frenos. Compramos por inadvertidamente un billete de lotería y le pegamos al premio mayor.

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A principios de los años ¨90 salía precipitado de mi hogar para cumplir un compromiso, eran casi las 18:00 horas.  Subí a auto muy rápidamente y encendí el motor.  Fue allí donde mi hija, la cual estaba en la puerta de la vivienda se aproximó  al vidrio, lo bajé  por simple acción autómata.  Ella me dijo: ¡Un beso Papá!   Un poco indispuesto casi sin tocar su mejilla lo hice y solté el embrague.  Salí como una exhalación rumbo al lugar donde me esperaban.  
Con el natural recorrido llegue hasta la octava calle y cuarta avenida de la zona 1, ciudad capital de Guatemala.
El semáforo estaba en verde y por intuición vi hacia mi izquierda.  Una masa negra (por la hora), se precipitaba por la calle. Intente frenar pero no fue posible por la velocidad, el bus del servicio urbano paso como exhalación frente a mí.  ¡Era tan largo que sentí al aire que bamboleo mi pequeño coche!    
Creo sinceramente que si mi hija no me hubiera hecho perder una fracción de segundos en darle un beso, el autobús me hubiera arrollado quizá partiendo en dos mi diminuto carro.  Quizá hubiera colisionado en la parte de atrás haciendo volar y dar vueltas, por la velocidad y peso de bus,  al coche donde me conducía.
¿Simple coincidencia?  ¿Un designio de Dios?  ¿Una causalidad? ¿El destino lo maneja alguien? ¿Somos nosotros los que tenemos la posibilidad inconsciente de variar las cosas?
Misterios, Misterios.

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