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INCREÍBLE: BOMBEROS HABLAN CON UN MUERTO.

Tomado del Libro “Lo que no Existe” – Eduardo Mendoza P.

Siglo 30.

En Guatemala como en muchos países con carencias de servicios de salud y emergencia, los cuerpos de socorro (bomberos), suelen realizar la asistencia de personas en casos de accidentes o traslados de enfermos.

Corría el 29 de diciembre de 1963 cuando aún las fiestas de Navidad estaban frescas en la mente de todos y las de año nuevo se veían venir con el mismo entusiasmo.

 En la estación del cuerpo benemérito de Bomberos Voluntarios cumplían turno Gusalberto Reyes, Marco Antonio Ramos y Celso Días. Eran las 11 de la noche con 15 minutos cuando se recibía una llamada de auxilio.

En una casa humilde de la aldea Sabana Arriba se encontraba grave la señora Carlota Aguilar de Morales. A sus escasos 20 años la fiebre y neumonía le segaba la vida.

Como era su deber los hombres del casco negro salieron a cubrir la emergencia, pese a que por aquel tiempo las condiciones políticas imponían retenes militares después de la 9 de la noche.

sabana-arriba1-23feb13

Pasaron las tres garitas de control y no sin sentir temor al identificarse , se encaminaron a la distante y solitaria aldea.

La noche era oscura y el frío penetrante, la poca visibilidad le daba a la carretera un toque siniestro. "Era como si algo fuera a pasar" – dijo uno de ellos.

Con los vidrios bajados por cualquier alto imprevisto la unidad transitaba despacio. Finalmente entraron a las calles tortuosas de la aldea. Un silencio sepulcral imperaba y casi en ninguna casa se veía luz alguna. La población del lugar era relativamente escasa y la vegetación crecida. Los habitantes del lugar por la hora estaban ya recogidos, seguramente durmiendo.

Ante tal soledad los bomberos hicieron sonar intermitentemente la sirena con la esperanza de que alguien les indicara el lugar donde la infortunada mujer agonizaba.

Algunos vecinos salieron y rápidamente les indicaron el camino a seguir. Despacio por la mala calidad de las calles iban dando tumbos y de pronto sin saber de donde les salió al paso un mujer. Estaba vestida de blanco, casi se podría decir que era una especie de camisón. Extrañados pues el frío era crudo, e acercó a la portezuela y los apagafuegos de inmediato le preguntaron la razón de ir vestida así con la terrible inclemencia del tiempo.

Luego de una breve charla ella agrego: "A la señora ya se la llevaron en un carro". La respuesta fue una cubeta de agua helada en los rostros de los valientes hombres. ¡Tanto esfuerzo para nada!

LO INCREÍBLE.

Molestos decidieron retirarse del lugar, pasaban las 12 de la noche.

Levaban poca gasolina y decidieron tomar un desvío, pero por más que lo intentaron no les dio resultado. Mucho más molestos al no poder cumplir con su misión, retomaron el camino de la aldea.

Con asombro encontraron una señora con dos niños saliendo de una vivienda y le relataron la situación que habían vivido. La sorpresa fue mayúscula cuando la madre de los pequeños dijo: "Voy a buscar ayuda porque Doña Carlota ha fallecido".

Intrigados se condujeron hacia la casa donde la infortunada señora había muerto, quizá con la esperanza de poderle prestar ayuda de reanimación. . Al entrar efectivamente el esposo les mostró el pequeño cuarto y allí estaba volteada hacia la pared la señora.

Tapada con muy humildes sabanas quisieron cerciorarse de que efectivamente los signos vitales ya no existían. Gilberto Morales enfermero de la unidad sacó su estetoscopio y con cuidado dio vuelta al cuerpo. Su rostro palideció y sus compañeros le preguntaron que le estaba pasando. Con voz temblorosa les respondió: ¡Es la misma persona que vimos con el vestido blanco!

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Foto Vicente Peña -Blog

Sin creer lo que escuchaban, los otros dos se acercaron al cadáver. ¡Allí estaba la misma mujer con la que había hablado hacia tan solo unos 20 minutos antes!

Gálvez hizo la señal de la cruz y musitó una oración. A Díaz se le erizó todo el cuerpo y sintió una sensación indescriptible. Como el más viejo de los tres estaba acostumbrado a ver personas muertas, pero esta vez fue diferente.

Hablaron en voz baja sin decir nada a los familiares. Salieron de la casa ofreciéndoles avisar a alguna funeraria para que se hiciera cargo del sepelio. El regreso fue terrible, sus nervios estaban a punto de estallar.

Al momento de publicar el caso, Celso Díaz labora en la institución y cuando recuerda el acontecimiento no deja de sentir que la piel se le eriza y aún no encuentra explicación a la experiencia.

REFLEXIÓN.

¿Una dramatización del inconsciente? ¿El alma de una difunta vaga por los alrededores y les miente? ¿Una broma de mal gusto con el aviso de que aún la persona vivía, cuando ya estaba muerta? ¿Cuál el objeto de una mala pasada de tal naturaleza? ¿Mintieron en la historia que contaron los bomberos? ¿Puede un espíritu de un muerto cambiarse de ropa y colocarse otra distinta?   ¿Por qué las apariciones por lo general van vestidas de blanco? ¿De que esta hecha la tela que cubre el espíritu de la persona fallecida?

Misterios... Misterios.

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