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EL FANTASMA DE SABANA ARRIBA...

Por: K.M.

El fenómeno del desdoblamiento parece ser un hecho comprobado. Son ya gran número de personas las que lo han experimentado o lo vieron en alguna ocasión. Lo insólito del asunto es:

¿Cómo una persona puede estar en dos lugares a la misma vez? El hecho parece producirse con mayor intensidad cuando la muerte llega a las personas ¿Quién no ha escuchado narraciones sobre muertos que se aparecen a los vivos? ¿Son verdaderos los espectros que rondan este mundo? Lo importante es saber si en realidad esto puede suceder.

Quienes a veces, por motivo de trabajo, están más propensos a estas apariciones, son los cuerpos de policía, la fuerza armadas, los cuerpos de auxilio de hospitales o los heroicos bomberos.

El siguiente caso es real y fue vivido por tres miembros del cuerpo voluntario de bomberos de Guatemala.

Sabana arriba Corría el 29 de diciembre de 1963, las fiestas de navidad aún estaban frescas en las mentes de todos. De turno aquella noche en la Unidad No. 19 se encontraban los bomberos: Gilberto Reyes Vides, Marco Antonio Ramos Gálvez y Celso Díaz. A eso de las 23:15 fue recibida una llamada de emergencia procedente del Cuartel Mariscal Zavala, quien llamaba era el Coronel Martínez. La razón obedecía a que en una de las humildes casas de la Aldea ¨Sabana Arriba¨, se encontraba muy grave la señora Carlota Aguilar de Morales. A sus 20 años la neumonía le segaba la vida.

Como es su deber y con la fidelidad característica se dirigieron hacia el lugar, pero antes habían asistido a una falsa llamada en la zona 10.

Un poco disgustados por esto, pasaron el puente de Belice y las tres garitas de control militar. Identificándose como es debido estos valientes siguieron su camino. La noche estaba muy oscura, el frío era penetrante además la escasa luz le daba un toque tenebroso a la carretera. La ambulancia daba trastumbos y transitaba despacio.

Con los vidrios bajados como medida de precaución, los bomberos vigilaban cualquier alto que les fuera marcado. Entraron a la población, sus calles eran estrechas y el lugar despoblado. El monte estaba crecido y para aquellas horas de la noche los pobladores estaban recogidos en sus casas seguramente durmiendo.

Ante tal soledad los muchachos sonaron la sirena, esperando que alguien les ayudara a encontrar el camino. Varios vecinos salieron a observar lo que sucedía y al mismo tiempo les informaron sobre la dirección a seguir.

Como a eso de tres cuadras del lugar, sin saber exactamente de donde, notaron que al paso de la ambulancia salió una persona.

Estaba vestida de blanco, su ropa era humilde, sus facciones normales.

Se acercó a la puertezuela izquierda en donde los bomberos preguntaron la razón de que anduviera tan entrada la noche en aquel lugar. Luego de informarle sobre la emergencia, la señora les dijo: ¨A la señora se la llevaron en un carro¨. Esto fue muy duro, pues ya eran dos llamadas en falso, sobre todo, porque el lugar era inaccesible y retirado. Un poco ofuscados decidieron retirarse de aquel aislado lugar. Díaz indicó que él conocía un camino que ahorraría tiempo y gasolina, era prácticamente un extravío que daba a la zona 5. por más que buscaron la salida no la encontraron y cansados retornaron al mismo lugar.

Una vez allí salió una señora con dos niños, a quien le preguntaron sobre la situación y ella les informó que la señora ya había muerto y que estaba en su casa. Al escuchar aquello ellos decidieron cerciorarse si en realidad así era o si aún podían prestarle ayuda.

Llegaron hasta un humilde hogar y volteada hacia la pared estaba la señora de Morales. Gilberto Reyes Vídez (en aquel tiempo enfermero de la Unidad), sacó un estetoscopio para comprobar si el corazón aún latía.

Al volver a la muerta hacia donde ellos estaban, el asombro, la duda y el miedo se apoderó de estos hombres. Esa mujer era la misma que 30 minutos antes que habían encontrado y les informó que se la habían llevado en un carro.

Voltead hacia el rincón, los bomberos no lo notaron, pero al volverla, su cara, su vestido y su semblante era el mismo, Ramos Gálvez hizo la señal de la cruz y rezó. A Díaz se le erizó todo el cuerpo y tuvo una sensación rara.

Vídez acostumbrado a ver cadáveres, se inquietó un poco. Hablaron en voz baja, realmente no se explicaban lo que pasó. Trataron de encontrar una respuesta , pero por más que se afanaban el asunto más parecía de ultratumba. Trataron de darle masaje al corazón, pero ya era tarde, la infortunada mujer era cadáver.

El regreso fue algo serio, los nervios estaban tensos, el ánimo con una extraña sensación y así llegaron a la central. Como es natural los tres estaban sobrios y su relato no se contradecía en nada. ¡Aquella noche de diciembre tres bomberos habían tenido una cita con la muerte!

Algo curioso y que podía ser la razón de todo, es que exactamente a la misma hora que Carlota murió (unos 30 minutos), fue cuando se les apareció a estos servidores públicos. El caso es verídico, la solvencia moral e institucional de lo que participaron en él son a toda prueba. Aún hoy aquellos hechos continúan vividos en el recuerdo de estos valientes bomberos.

Nota de la Redacción: Los Nombres de los protagonistas son reales.

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